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Jueves, 17 Mayo 2012 15:40

LA ASCENSION DEL SEÑOR (Mc 16, 15-20). Parte I
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LA ASCENSION DEL SEÑOR (Mc 16, 15-20). Parte I

<<15Y les dijo: Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación. 16El que crea y se bautice se salvará. El que se resista a creer se condenará. 17Y estas señales acompañarán a los que crean: En mi Nombre echarán los espíritus malos, hablarán en nuevas lenguas, tomarán con sus manos las serpientes y, si beben algún veneno,

no les hará ningún daño. Pondrán las manos sobre los enfermos y los sanarán. 19Así, pues, el Señor Jesús, después de hablar con ellos, fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. 20Y los discípulos salieron a predicar por todas partes con la ayuda del Señor, el cual confirmaba su mensaje con las señales que lo acompañaban.>>

Hoy estamos celebrando <<la fiesta de la ascensión del Señor>>, es importante que no lo confundamos con <<la fiesta de la Asunción de María>>, ya que esta última se refiere a la fe de la Iglesia en afirmar que la siempre virgen María Madre de Dios, una vez concluido su ciclo en este mundo, fue llevada por los ángeles de Dios en cuerpo y alma al cielo; mientras que la primera se refiere al grande acontecimiento de que un hermano nuestro, de la misma naturaleza, hombre en todo, excepto en el pecado (Heb 4,15), fue elevado a las alturas, en la presencia misma de Dios.

A lo largo del Nuevo Testamento, tanto en los evangelios, como en algunas cartas o escritos apostólicos podemos encontrar esta afirmación de fe, que Nuestro Señor Jesucristo una vez realizada la Salvación, fue encumbrado hasta las alturas, como podemos encontrarlo en la Carta a los Hebreos: <<El es el que purificó al mundo de sus pecados y después se fue a sentar a la derecha del trono de Dios en los cielos>> (Heb 1,3). Es interesante encontrar en el evangelio de San Juan este movimiento que realiza la persona del Hijo de Dios, un ciclo que comienza con la afirmación de que es el Logos de Dios que está desde el principio mismo de Dios (Jn 1,1), es decir, desde la eternidad en el seno del Padre (Jn 1,18), y que ha iniciado un movimiento de <<condescendencia>> hacia la humanidad tras el misterio de la Encarnación: <<Y el logos se hizo carne y habitó entre nosotros>> (Jn 1,14). Para el evangelista San Juan esta es la única posibilidad real de acceso para el conocimiento del misterio de Dios, ya que es imposible tener punto de contacto directo con él porque Dios es Espíritu (Jn 4,24), ciertamente se puede percibir de manera indirecta la presencia de Dios en el mundo: <<Ya estaba en el mundo y por El se hizo el mundo, pero este mundo no lo conoció>> (Jn 1,10), pero aún cuando por el ejercicio de la reflexión racional se pudo haber conocido la presencia del misterio, la totalidad del mundo permaneció en la ignorancia, e incluso se le rindió culto a las cosas creadas cayendo en la idolatría (Sab 13,1-5).

Una vez encarnado, el Logos de Dios, el único engendrado del Padre (Jn 1,14.18), comienza la manifestación de <<los signos>> que irán revelando que él es el enviado del Padre, no sin pasar por una serie de crisis de fe de parte de los discípulos que hubo momentos en que dudaban de las palabras del Maestro, pero Jesús argumenta a su favor, la fuerza de las obras que realiza que definitivamente no vienen de alguien que solamente es humano: <<Créanme: Yo estoy en el Padre, y el Padre está en mí; al menos créanlo por esas obras>> (Jn 14,11).

 Desgraciadamente las autoridades judías no fueron capaces de abrirse a la fe en la predicación de Jesús y finalmente deciden matarlo. El Señor está a la luz de los textos del evangelio de San Juan y de los otros evangelios las consecuencias de su opción y está bien consciente de ello, así por ejemplo: <<El Padre me ama porque yo mismo doy mi vida, y la volveré a tomar. Nadie me la quita, sino que yo mismo la voy a entregar. En mis manos está el entregarla, y también el recobrarla: Éste es el mandato que recibí de mi Padre>> (Jn 10,18). Como también puede verificarse en los llamados anuncios de la Pasión localizados en los sinópticos (Mc 8,31; 9,31; 10,33-34).

Para el evangelista San Juan todo esto no va a terminar en la derrota y la muerte del Señor, de hecho su muerte es interpretada como resultado no del poder de los líderes israelitas, sino como un acto de generosidad de parte de Jesús, y su muerte no tiene esa carga negativa como fin de su existencia, sino es interpretada de manera positiva, ya que se trata de su glorificación: <<Ha llegado la hora en que el Hijo del Hombre va a recibir su gloria. En verdad les digo: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto>> (Jn 12,23-24). La muerte es un momento más del movimiento que el Logos de Dios ha realizado con su Encarnación, y ese acontecimiento, en vez de parar a Jesús, le da la posibilidad primero de alcanzar la plenitud existencial como ser humano, en segundo lugar, lograr la salvación de toda la humanidad, y finalmente encontrarse una vez más en la presencia del Padre celestial. Esta idea la podemos fundamentar con las palabras del evangelio de San Juan: <<Sabiendo Jesús que había llegado la hora de salir de este mundo para ir al Padre…y que de Dios había salido y a Dios volvía>> (Jn 13,1.3).

Pero la mirada de los textos sagrados se concentran más no tanto en el que el ser divino, <<el Logos de Dios>>, que de por sí participa ya de la misma naturaleza del Padre, de la misma gloria de Dios, <<Hemos visto su gloria, la que le corresponde al Hijo único cuando su Padre lo glorifica. En El estaba la plenitud del amor y la fidelidad>> (Jn 1,14); sino una vez que el ser divino se ha encarnado, asumió la naturaleza humana en toda la extensión de la palabra. Este era uno de los puntos de la teología joánica que chocaba de manera radical con el pensamiento griego, sobre todo con la doctrina platónica, que consideraba grosera la materia, y no digna de la realidad espiritual y divina, esto propicio el surgimiento de un error doctrinal de los llamados <<docetas>>, que aceptaban sin ningún problema la divinidad del Logos, pero no su <<encarnación>>, ya que esto le llevaría a degradarlo, por eso postularon que el Logos tomó la materia pero solamente de apariencia.

Desde el Prólogo de su evangelio San Juan les está respondiendo, que efectivamente el Logos es divino como lo es el Padre, pero que también es hombre como lo es cualquier ser humano, y para que nadie dudara de su afirmación, por eso a propósito utilizó el sustantivo <<Zarx>> (carne)(Jn1,14), con lo cual radicalmente se dice que el Logos asumió totalmente la naturaleza humana.

Aquí está el punto interesante para la fiesta de <<la Ascensión del Señor>>, claro que el Logos según el ciclo presentado por San Juan ha retornado al Padre, eso no es lo que nos debe de llamar la atención, ya que Jesús es divino y de por sí le corresponde la gloria del Padre, sino en que una vez <<encarnado>>, retornó al Padre en su naturaleza humana, aquí está la maravilla, que <<un pobrecito ser humano, criatura, un hijo de Adán, o utilizando el título que según la tradición evangélica el mismo Jesús se lo habría aplicado, la de <<Hijo del Hombre>>, ha entrado en la esfera de lo divino. Esta es la gran novedad, este es el punto en el que tenemos que fijar nuestra mirada en este domingo, el gran prodigio de que un hermano nuestro, Jesús de Nazaret alcanzó a penetrar el santuario de Dios de una vez para siempre (Heb 9,12).

Hay que subrayar que son los sinópticos quienes mencionan de manera explícita <<la ascensión del Señor>> (Mc 16,19; Lc 24,50-51), implícitamente se localiza en San Mateo (Mt 28,18 dando a entender que ya ha sido entronizado en el cielo). Efectivamente San Juan no tiene el término de manera explícita, pero la fe en el retorno al Padre y el recibir la grandeza de la gloria de Dios es una idea que se localiza en su evangelio como ya lo he mencionado más arriba. Todos ellos mencionan este punto como resultado de la resurrección, como fruto de la Pascua, e incluso se da a entender que este acontecimiento de subir al Padre es como una extensión de la resurrección, es decir, la ascensión habría ocurrido el mismo día de la resurrección: <<Suéltame, le dijo Jesús, pues aún no he vuelto donde mi Padre. Anda a decirles a mis hermanos que subo donde mi Padre, que es Padre de ustedes; donde mi Dios, que es Dios de ustedes>> (Jn 20,17).

Volvamos a la idea que veníamos reflexionando, <<un Hijo del Hombre>> ha sido encumbrado en la esfera de lo divino, se ha hecho verdaderamente Dios, para San Juan esto obviamente habría tenido comienzo en la Encarnación, pero se habría hecho pleno en la obediencia del Hijo a la voluntad del Padre, pasando por la muerte de cruz y manifestándose con toda claridad en el acontecimiento de la resurrección, como quien dice que en ese acto supremo de obediencia es en donde se habría dado la posibilidad del encumbramiento hasta lo divino del Logos encarnado, solo pasando por esa experiencia naturalmente dolorosa y de redención de los pecados de la humanidad entera; así lo ha entendido muy bien el autor de la carta a los Hebreos, si bien aunque no menciona el tema de la pre-existencia del Hijo de Dios al modo de San Juan y luego la Encarnación, pasa también por un esquema de afirmación de la divinidad del Hijo, después la purificación de los pecados (implícitamente la muerte en la cruz), y finalmente la grandeza de este Hijo de Dios-humano que se ha encumbrado muy por encima de todas las criaturas angelicales: <<En diversas ocasiones y bajo diferentes formas, Dios habló a nuestro padres por medio de los profetas, hasta que en estos días, que son los últimos; nos habló a nosotros por medio de su Hijo. Este es al que Dios constituyó heredero de todo, ya que por él dispuso las edades del mundo. Este es el resplandor de la gloria de Dios y en él expreso Dios lo que es en sí mismo. El es el que purificó al mundo de sus pecados y después se fue a sentar a la derecha del trono de Dios en los cielos. El está por encima de los ángeles, cuanto es más excelente el Nombre que heredó>> (Heb 1,1-4).

Precisamente este esquema le va a servir como columna vertebral al autor de la carta a los Hebreos para desarrollar la teología de toda su obra, el Hijo ha recibido un Nombre que está muy por encima de todas las criaturas angelicales, por supuesto de las humanas. El hecho de que el texto mencione que se ha sentado a la derecha del trono de Dios en los cielos (Heb 1,3), hay que entenderlo a la luz del contexto de la época, estar sentado a la derecha de Dios no puede entenderse de manera literalista, como si Dios estuviera en verdad sentado, se trata de una imagen del Dios-rey poderoso, al estilo de los grandes reyes, y según la usanza de la época greco-romana, el sentarse a la derecha del hombre más poderoso, era verdaderamente un honor, ya que la persona de alguna manera participaba de los privilegios del Rey, un tanto parecido como cuando escuchamos a alguien decir <<que es el brazo derecho del jefe>>.

Desde esta mentalidad, <<el hombre Jesús>>, es el brazo derecho de Dios, está sentado a la derecha del Padre, goza del mismo poder y de la misma gloria del Padre: <<Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra>>(Mt 28,18), recordemos no sólo en cuanto Dios, que de por sí, ha tenido esta gloria del Padre por toda la eternidad (Jn 1,1), sino ahora en cuanto hombre, un hombre ha sido capaz de ser elevado por encima de todos los ángeles, recibiendo <<el Nombre>> (Heb 1,4), que no es otra cosa que la divinidad. Jesús ha sido entronizado utilizando las categorías de la época en el mismo trono del Padre, está al nivel del Padre. Las consecuencias no se dejan esperar, de entrada es lo que posibilita a la luz de la Escritura el <<envío del Espíritu Santo>> (Hc 1,4-8), es verdad que siguiendo este texto lucano el acontecimiento de la Ascensión habría ocurrido 40 días después de la Pascua (Hc 1,3), y más tarde Pentecostés.

Para el autor de la carta a los Hebreos este sería el fundamento del Sumo Sacerdocio de Cristo, que habría comenzado desde el momento en que él se ofreció como víctima en la cruz y derramando su sangre para conseguir de una vez por todas el perdón de los pecados, superando así toda la liturgia veterotestamentaria: <<Tenemos nosotros un Sumo Sacerdote que ha entrado en el mismo cielo; este es Jesús, el Hijo de Dios>> (Heb 4,14), y esto lo habría conseguido en razón de la obediencia que mostró a la voluntad del Padre, no sin dejar de sufrir intensamente (Heb 5,7-10). El que <<el hombre Jesús>>, haya penetrado por su obediencia y derramamiento de sangre en la cruz al santuario mismo de Dios, lo hace merecedor de recibir <<el Nombre>>, y el hecho de estar sentado a la derecha de Dios, lo constituye en <<Mediador>> entre Dios y los hombres: <<Pero Cristo hizo mucho mejor cuando, movido por el Espíritu eterno, se ofreció a Dios como víctima sin mancha; su sangre purifica nuestra conciencia de las obras muertas, para que, en adelante, sirvamos al Dios vivo. Por eso Cristo es el mediador de un Nuevo Testamento o Alianza>> (Heb 9,14-15). Y genial intuición del autor de la carta a los Hebreos, por estar tan cerca de Dios, se convierte en Sacerdote por la poderosa intercesión que ejerce ante el Padre por todos los de su raza: <<Por eso tuvo que hacerse semejante en todo a sus hermanos para llegar a ser el Sumo Sacerdote que pide por ellos el perdón, siendo a la vez compasivo y fiel en el servicio de Dios>> (Heb 2,17).

Miremos pues con ojos de fe a la luz de la Escritura <<los frutos de la ascensión>>, de esta enorme fiesta que estamos celebrando el día de hoy, uno de ellos como ya afirmé, es la fuerza de la mediación de Cristo ante el Padre, está tan cerca, enfrente, al lado de él, <<que le habla como Dios-hombre a favor de todos los hombres, <<Nuestro Sumo Sacerdote no se queda indiferente ante nuestras debilidades, por haber sido sometido a las mismas pruebas que nosotros, pero que a él no lo llevaron al pecado. Por lo tanto, acerquémonos con plena confianza al Dios de bondad; él tendrá piedad, de nosotros y nos recibirá en el momento oportuno>> (Heb 4,15-16).

La Iglesia está bien clara en este punto, todo lo que nosotros pedimos al Padre, lo hacemos en el Nombre de su Hijo Jesucristo que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo por toda la eternidad, Amén, <<y quiero que todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se los dé>> (Jn 15,16).

Este esquema que hemos presentado desde la teología joánica, y pasando un poquito por la carta a los Hebreos, lo podemos encontrar también en aquello que se conoce como <<el himno de la carta a los Filipenses>>, según los estudiosos se trata de un himno, un cántico antiguo cristológico, espero no cansarlos porque les transcribo el texto completo:

 <<El, siendo de condición divina, no reivindicó, en los hechos, la igualdad con Dios, sino que se despojó, tomando la condición de servidor, y llegó a ser semejante a los hombres. Más aún, al verlo, se comprobó que era hombre. Se humilló y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte en una cruz. Por eso Dios lo engrandeció y le concedió el Nombre que está sobre todo nombre, para que, ante el Nombre de Jesús, todos se arrodillen en los cielos, en la tierra y en los abismos. Y toda lengua proclame que Cristo Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre>> (Fil2, 6-11).

Impresionante ¿Verdad?, el esquema es el que ya conocemos: el Hijo es igual en divinidad con el Padre, goza de la misma gloria; pero el Hijo siendo divino, se hace hombre de verdad, y es obediente hasta la muerte en cruz, por esa obediencia el Padre le otorga el Nombre, el Señorío, ante él se doblará toda rodilla en todos los órdenes de la creación. La palabra griega que San Pablo utiliza para hablar del ser divino que se vuelve hombre es <<kénosis>> (Fil 2,7-8), que se traduce por <<anonadamiento, vaciamiento, humillación>>. El ser divino que está en la cumbre de todo cuanto existe, puesto que es Dios, realiza un extraordinario movimiento, no se aferra a su condición, ser de naturaleza divina, sino que <<asume la naturaleza humana>>, y no usa esa grandeza a favor de todo lo que vive como humano, se humilla y experimenta la muerte y se enfatiza, muerte en una cruz, es decir, humillante pata la época y además muy dolorosa…en razón de esto Dios lo exaltó y le dio el Nombre sobre todo nombre (Fil 2,9-10), una manera de decir, que alcanzó <<el límite de poder>> que le corresponde a Dios, permítaseme hablar así, ya que Dios no tiene límite, peri es una manera de decir que <<si hubiera un poder más alto>>, hasta allá llegaría el <<Señorío>> de Jesús.

Jugando un poquito con el texto, si miramos hacia arriba, hasta lo más alto, por encima de ello llega el poder de Jesús; si miramos hacia la tierra, el poder más grande que se encuentra en ella, está muy por debajo de Jesús, y si nos asomamos al abismo, hasta los más bajo, inferior o profundo de la creación, hasta allá abarca el Señorío de Jesús, el único poder y grandeza que se le equipara es el de Dios…pero no olvidemos el punto que estoy tratando, <<él ya tenía la igualdad divina con Dios>>, ahora lo recibe en cuanto su naturaleza humana: Si me permiten es glorioso y grande, y tiene el Nombre por partida doble, según su naturaleza divina y según su naturaleza humana, aunque desde la teología sabemos que Jesús es una sola persona en dos naturalezas, así se trata del mismo sujeto y no de dos.

Desde este himno veamos las consecuencias de que un hermano nuestro haya sido <<exaltado, elevado hasta lo más honorable>> (Anábasis) (Fil 2,9), todas las criaturas de los distintos órdenes, ya sea del cielo, de la tierra o de los abismos, deberán reconocer su Señorío, de palabra y además realizando un signo que se acostumbraba hacer en aquella época ante los poderosos, la llamada <<proskinesis>>, el doblar las rodillas ante el más fuerte. Nótese que no importa el orden de la creación, ya sea en la esfera del cielo, el mundo de los ángeles, desde el más poderoso de ellos deberá someterse al Nombre de Jesús, y brillante, no solo se trata del ser divino, sino ahora <<de un humano>>, se postrarán ante el Hijo del Hombre (es bueno leer a la luz de este punto el Salmo 8), así que no hay poder en el mundo celestial que sea más poderoso que Jesús, por eso San Pablo reacciona contra aquellos que siguen temblando ante los poderes angelicales: <<El es imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación, ya que en él fueron creadas todas las cosas; las del cielo y las de la tierra; lo visible y también lo invisible, gobiernos, autoridades, poderes y fuerzas sobrenaturales>> (Col 1,15-16).

Eso sucede en el mundo de los espíritus, pues en el mundo de los hombres, el hombre más poderoso es Jesús de Nazaret…pero que trabajo le cuesta al pobre mortal doblar las rodillas ante Jesús y reconocer su Señorío. En el mundo de los muertos como traducen algunos, o en los abismos (como morada de los demonios), aún ellos se someten al <<hombre-Dios>> Jesús, Señor de toda la creación.

Recapitulemos, la <<fiesta de la Ascensión>> es una escala más de la Pascua, el Hijo del Hombre Jesús, divino en su pre-existencia, ha subido hasta la morada misma de Dios, y se ha sentado a la derecha del Padre, un hermano de nuestra condición humana, menos en el pecado está ante la presencia del Padre y recibiendo el Señorío, la grandeza, la gloria y el Nombre que está sobre todo nombre, derramándose sobre toda la humanidad una serie de bendiciones, como por ejemplo: El don del Espíritu Santo, fuerza del cielo que nos ayudará a transformar nuestros corazones para poder vivir en el amor del Padre y finalmente comenzar la aventura de amarnos como él nos amó. San Lucas escribe hoy en los Hechos: <<Van a recibir una fuerza la del Espíritu Santo, que vendrá sobre ustedes, y serán mis Testigos…>> (Hc 1,8).

Este es el sentido de las palabras del apóstol San Juan, ante la tristeza de la partida de Jesús, él les dice: <<En verdad, les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Intercesor no vendrá a ustedes. Pero si me voy, se lo mandaré>> (Jn 16,7). Un poco recordando lo del domingo pasado, el mandamiento del amor de Jesús, antes de exigirnos, el punto es creer en el amor del Padre, dejarse amar por él, después diríamos, abrir el corazón al don del Espíritu y finalmente ya estamos listos para cumplir ese mandamiento, como una respuesta al amor de Dios que siempre va hacer primero, es decir, se me da antes de amarlo. Así que preparémonos para el siguiente domingo, solemnidad de Pentecostés, y recibamos al Espíritu Santo, fuente del Amor.

A modo de conclusión, chéquese que la ascensión, sobre todo a la luz del texto de Marcos y de Lucas (Mc 16,15.19; Hc 1,11) tiene como finalidad, no quedarse contemplando al que está sentado a la derecha del Padre, sino continuar con la tarea de construir el proyecto del Reino de Dios, ahora nos toca a nosotros impulsados por la presencia del resucitado en virtud de su Espíritu.

<<Galileos ¿Qué hacen ahí mirando al cielo? Este que ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá como lo han visto subir al cielo>> (Hc 1,11)…<<Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación>> (Mc 16,15).

 

Pbro. Fausto Núñez Vásquez

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