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FIESTA DE SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER

La mañana del 2 de octubre de 1928, fiesta de los Santos Ángeles Custodios, san Josemaría Escrivá de Balaguer vio en forma clara lo que Dios quería que fundara: el Opus Dei (del latín, la Obra de Dios), mientras hacía un curso de retiro en Madrid (España). 

 

Se abría así en la Iglesia, un nuevo camino para que los hombres y mujeres de todas las clases y condiciones sociales, nacionalidades, razas y lenguas, vivieran con plenitud la vocación cristiana santificando sus ocupaciones profesionales en el mundo, es decir, ofreciendo a Dios -con la mayor perfección humana posible- sus quehaceres ordinarios tanto en el trabajo, como en sus deberes familiares y sociales.

 

Aquel sacerdote, nacido en Barbastro (Aragón) en 1902, no contaba con los medios materiales necesarios para sacar adelante una Obra de tal magnitud. Años después comentaba que en los inicios únicamente contaba con “juventud (26 años), la gracia de Dios y buen humor”.

 

¿Qué recurso espiritual eligió para impulsar el Opus Dei? Contestaba: “Buscaba el poder de la Madre de Dios, como un hijo pequeño, yendo por caminos de infancia. (…) ¿Qué puede hacer una criatura que debe cumplir una misión, si no tiene medios, ni edad, ni ciencia, ni virtudes, ni nada? Ir a su madre y a su padre, acudir a los que pueden algo, pedir ayuda a los amigos… Eso hice yo en la vida espiritual”.

 

Al explicar su sentir en aquellos primeros tiempos, decía a los setenta y tres años, pocos meses antes de su marcha al Cielo: “¡Cuántas horas de caminar por aquel Madrid mío, cada semana, de una parte a otra, envuelto en mi manteo! (…) Aquellos Rosarios completos rezados por la calle -como podía, pero sin abandonarlos-, diariamente (…)”.

 

“Nunca pensé que sacar la Obra adelante llevaría consigo tanta pena, tanto dolor físico y moral (…) ¡Madre mía!; ¡no te tenía más que a Ti! Madre, ¡gracias! (…) ¡Oh, cuánto he acudido a Ti! Y otras veces, hablando y predicando, dándome cuenta de que no valía nada, de que no era nada, pero con una certeza... ¡Madre! ¡no me abandones!, ¡Madre mía!”

 

Y ese específico querer de Dios se fue abriendo como un surco ancho y profundo por todos los senderos de la tierra, venciendo innumerables dificultades y contradicciones, aunque también contando con el cariño, la generosa oración y penitencia de miles de personas, y sobre todo, con la poderosa intercesión de la Santísima Virgen María.

 

“No olvidéis, hijos míos -escribía en 1934- que no somos almas que se unen a otras almas, para hacer una cosa buena. Esto es mucho… pero es poco. Somos apóstoles que ‘cumplimos un mandato imperativo de Cristo’ “.

 

A principios de octubre de 1928 un sacerdote fundaba la Obra de Dios, y al irse al Cielo, el 26 de junio de 1975, había más de 60,000 miembros por los cinco continentes, de más de 80 nacionalidades. El rápido desarrollo del Opus Dei, humanamente no tiene explicación. Sólo si se vislumbra con una perspectiva sobrenatural, se alcanza a comprender lo que ha sido una permanente Voluntad del Señor, aprobada y bendecida por los Romanos Pontífices.

 

El 17 de mayo de 1992, este santo sacerdote fue beatificado en Roma. Diez años después, el 6 de octubre de 2002, el Papa Juan Pablo II lo canonizó en una solemne Misa en la Plaza de San Pedro ante una inmensa multitud de fieles provenientes del mundo entero. En la Misa de Acción de Gracias del día siguiente, en su homilía, el Santo Padre lo calificó como “el santo de lo ordinario”.

 

Una crisis que no se puede ocultar más

Luis-Fernando Valdés

 

Hay una crisis humanitaria muy grave en Venezuela, que no terminará mientras no sea ampliamente reconocida por la opinión pública global, y ésta pueda presionar a los organismos internacionales a establecer un canal de ayuda humanitaria.

 

1. Radiografía de la crisis venezolana. Un reciente análisis realizado por Associated Press (AP) explica que la fuerte tensión entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición tiene como puntos clave las siguientes peticiones: elecciones generales inmediatas, liberación de presos políticos, apertura de un canal humanitario, respeto al Congreso y desarme de grupos paramilitares.

El informe de AP añade que, cuando hace dos meses el Tribunal Supremo de Justicia asumió las competencias legislativas del Congreso, controlado por la oposición, se desencadenaron protestas callejeras que han dejado más de 60 personas muertas y más de 1,100 heridos. (Cfr. AP, 31 mayo 2017)

Por su parte el Presidente Maduro se ha esforzado por mantener oculta esta crisis humanitaria. Por ejemplo, Maduro despidió a la ministra de Salud, Antonieta Caporale, por publicar un reporte que registraba un incremento en las cifras de mortalidad infantil, mortalidad materna y epidemias entre 2015 y 2016. (El País, 12 mayo 2017)

 

2. Una situación humanitaria insostenible. Un reciente comunicado de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), que tiene como objetivo anunciar una colecta económica a favor de ese país, describe que “la crisis humanitaria en Venezuela calificada ya de ‘sin precedentes’, está empeorando a medida en que aumenta la escasez de alimentos y medicamentos”. 

El texto también desglosa los efectos de esa crisis: “Suben los niveles de inflación, y se ha provocado el colapso del sistema de salud y violencia que dejan a la población sin acceso a la nutrición, la atención médica y a los servicios públicos básicos. Esta crisis afecta sobre todo a los más vulnerables, entre ellos la niñez venezolana”. (CEM, 7 junio 2017)

 

3. Preocupación en la ONU. La situación alimentaria, médica y de libertad de los venezolanos es muy precaria, hasta el punto de que ha sido necesaria la presión internacional hacia el Gobierno de Nicolás Maduro.

Así, la embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Nikki Haley sostuvo recientemente una reunión privada con el Consejo de Seguridad para tratar sobre la problemática del país bolivariano. 

Según Haley, “la comunidad internacional debe decir: ‘respeten los derechos humanos de su gente’. Si no, esta situación va en la dirección que hemos visto en otras ocasiones”, afirmó haciendo alusión a Siria y Corea del Norte. (El País, 18 mayo 2017)

 

4. Una petición de ayuda a la Santa Sede. El Consejo de la Presidencia de la Conferencia Episcopal venezolana, encabezado por Mons. Diego Patrón y acompañado por los cardenales Jorge Urosa Savino y Baltazar Porras, visitaron al Papa Francisco, el reciente día 8 de junio.

Mons. Patrón contó a la prensa que expuso al Pontífice la necesidad de un “canal humanitario” para sacar adelante al pueblo venezolano, que “sufre hambre, falta de medicinas, la inseguridad y la zozobra”. (Diario Gestión, 8 jun. 2017)

 

Además de la posible ayuda económica que puede dar, está en manos de todos utilizar las redes sociales para que esta crisis humanitaria sea más conocida. Sólo así podrá subir la presión diplomática internacional para abrir un canal humanitario en Venezuela y establecer de nuevo una mesa de diálogo entre el gobierno y la oposición.

 

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CON LA SONRISA DE LA VIRGEN DE GUADALUPE

Raúl Espinoza Aguilera

 

En el mes de mayo suelo frecuentar Santuarios dedicados a la Virgen María para visitarla y rezar el Rosario acompañado de familiares y amigos. El pasado domingo estuve en la Villa de Guadalupe y conmigo iban un colega de profesión, acompañado de su hijo adolescente.

 

No cabe duda que visitar la Villa es ocasión de encontrarse siempre con agradables sorpresas. Mientras esperaba a mi amigo y a su hijo, estaba de pie junto a la estatua de San Juan Pablo II. A pocos metros observaba a un padre en cuclillas y muy joven -quizá de unos 28 años- que en el atrio enseñaba a persignarse a su pequeño con gran paciencia y afecto.

 

Era un día luminoso, soleado, algo caluroso como corresponde a los días primaverales. Entraban caminando en procesión y cantando numerosos grupos de personas de diversas clases y condiciones sociales. En un costado, había una larga cola de papás con sus bebés en brazos que esperaban fueran bautizados. 

 

Divisaba a muchas familias que, antes de entrar al atrio, compraban flores para ofrecérselas a la Virgen María. Había un ambiente como de fiesta porque la gente estaba contenta y alegre. Finalmente llegaron mis acompañantes y entramos en el Santuario Guadalupano para rezar el Rosario.

 

El sacerdote celebraba la Misa a un numeroso grupo de niños que iban a hacer su Primera Comunión. Les pedía el presbítero a aquellos infantes que nunca olvidaran ese día, en que Jesús quiso habitar en sus corazones. Y recordaba aquel buen hombre de Dios que justo el día de su Primera Comunión -hacía más de 60 años- fue cuando vio claramente su vocación al sacerdocio, por ello le resultaba una fecha particularmente entrañable.

 

A mí me vino a la memoria el recuerdo de un amigo extranjero, profesional brillante, de unos 45 años. Su empresa lo había destinado a trabajar en México sólo por unos meses. Aparentemente parecía que la vida le sonreía porque ganaba buen dinero, pero pasaba por una situación de crisis existencial: había perdido su fe en Dios, su matrimonio parecía resquebrajarse, no tenía buena comunicación con sus padres y menos con sus hijos…

 

Así las cosas, un día recibí un correo electrónico de su piadosa madre en el que me pedía que lo acercara a Dios, o al menos, que lo llevara a conocer la Villa de Guadalupe. Como era de esperarse, traté de ayudarle pero me respondió de un modo drástico y tajante, con frases como: “la religión es una farsa”; “el matrimonio no tiene ningún sentido”; “la familia es un mero convencionalismo social”… Conversamos en repetidas ocasiones, pero parecía tomar una postura radical e inflexible. Le dije que lo que teníamos en común era que habíamos entablado buena amistad y eso era lo importante. Si el opinaba de otra manera, yo respetaba sus puntos de vista. Y con esa clase de respuestas se fue serenando y desdramatizando su estado emocional. Claro está que le pedí a la Guadalupana por este amigo mío y su retorno a la fe.

 

Un inesperado día tomó la iniciativa de ir solo a la Villa. Se colocó justo debajo de la imagen, donde se encuentran las bandas por donde habitualmente pasa mucha gente. Delante de él se encontraba una viejecita muy pobre, descalza, con su traje típico otomí, que miraba fijamente a la Virgen y le decía un par de palabras en su dialecto y otro par en castellano. Como la mujer rezaba a voz en cuello, se percató que le decía: “Gracias, Madrecita, porque mi yerno ya no toma; gracias, Madre, porque se curó mi esposo de su pulmonía; gracias, Madre, porque mis hijos y mis nietos tienen salud; gracias, porque nunca nos ha faltado qué comer...”. 

 

De pronto, aquel amigo mío, llegó a la conclusión de que a él no le faltaba nada y la viejecita, carecía prácticamente de todo. Sin embargo, cuánto le agradecía ella a la Virgen de Guadalupe sus favores espirituales y materiales y, en cambio, él se daba cuenta que hasta ese entonces había sido casi siempre egoísta, necio, soberbio, conflictivo...Después comenzó a llorar y a llorar y a pedirle perdón a Dios y a la Virgen María. Al subir hacia la parte de las bancas de la Basílica, se encontró conque había muchos sacerdotes confesando. Y no dudo, ni un instante, en acudir al Sacramento de la Reconciliación y, a continuación, asistió a la Santa Misa y recibió la Eucaristía.

 

Al día siguiente, este amigo me buscó para conversar. Me contó todo lo sucedido. Se habían disipado todas sus dudas sobre su fe católica y la existencia de Dios; quería cuanto antes pedirles perdón a su esposa, a sus hijos y a sus padres por los malos ratos que les había hecho pasar. En síntesis, era otra persona, notablemente transformada.

 

Cuando le pregunté cómo era posible que hubiese tenido un cambio profundo y tan rápido, se limitó a contestarme: “Cuando vas a la Villa de Guadalupe, la Virgen María siempre nos prepara una sorpresa. Y el instrumento que Ella utilizó fue esa viejecita que tenía frente a mí y me conmovió hondamente. Pero te confieso que todo el tiempo que estuve en el Santuario sentí que estaba bajo la mirada amorosa, tierna, sonriente e inolvidable de Santa María de Guadalupe”.

 

 ALEC GUINNESS: UN CÉLEBRE ACTOR QUE HIZO UN TRATO CON JESÚS

Raúl Espinoza Aguilera

 

Alec Guinness (1914-2000) fue un actor inglés de gran talento y prestigio internacional. Su época de mayor gloria y renombre gira alrededor de las décadas de los años cincuenta y sesenta.

 

En su infancia fue anglicano, pero en la adolescencia cayó en el agnosticismo. Tenía una especial aversión hacia la Iglesia Católica y se autodeclaraba “antipapista”. Pero esta postura se fue suavizando gracias al trato frecuente con su amigo Tomkinson, un católico que le regaló el conocido libro de San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota, que le hizo bastante bien a su alma.

 

Pero Dios le tenía preparado un papel especial en el mundo de la actuación. Le tocó personificar en una película al célebre personaje de Gilbert K. Chesterton: El Padre Brown, que se filmó en un pequeño pueblo francés. Así que –como es lógico- para el rodaje de la película tuvo que usar la característica sotana de sacerdote católico.

 

Una noche, un poco cansado y aburrido de pasarse todo el día filmando -sin quitarse el traje clerical-, Alec Guinness decidió dar un pequeño paseo por las callejuelas del poblado, para despejar la mente. De pronto un chiquitín, de unos siete años, se le acercó, y dando de brincos de alegría, le pidió su bendición. El actor en un principio se desconcertó. Después, le hizo una caricia al niño. El pequeño se fue feliz y le dijo muy agradecido: “Buenas noches, querido Padre”.

 

 “Proseguí mi camino pensando –escribió después Guinness-  que una Iglesia capaz de inspirar tanta confianza en un niño y de propiciar con tanta facilidad la cercanía de sus sacerdotes –aún siendo desconocidos-, no podía ser tan intrigante y horrible como a menudo la describían. Así comencé a desprenderme de unos prejuicios aprendidos y arraigados en mí desde tiempo inmemorial”.

 

Simultáneamente que se rodaba esta película, recibió una dolorosa noticia: su hijo Matthew –de once años- se enfermó de polio y progresivamente comenzó a sufrir una parálisis en sus miembros inferiores.

 

Apesadumbrado por esta angustiosa situación, decidió dar un paseo a orillas del río de ese pueblo donde se encontraba. A lo lejos divisó una pequeña iglesia católica. Decidió entrar para tratar de recuperar un poco de paz en su corazón. 

 

De pronto le vino una firme idea a su mente: hacer  cuanto antes un trato con Dios. “Haz que mi hijo se cure –le pidió con fervor- y jamás pondré un solo obstáculo  si alguna vez él desea hacerse católico”.(...)   Tres meses después, Matthew era capaz de caminar y, al poco tiempo, comenzó a jugar futbol. “Y no pasó mucho tiempo antes de verme obligado a asumir mi parte del trato”-confiesa Ginness.

 

 

 

Inscribió a su hijo en un colegio de jesuitas. Recibió formación cristiana. A los quince años, su hijo manifestó el deseo de ser recibido en la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Al poco tiempo, el actor empezó a pensar seriamente en seguir los pasos de Matthew.

 

Hizo un curso de retiro espiritual en un monasterio trapense. Y  comenzó a platicar con cierta frecuencia con un sacerdote católico para recibir la formación necesaria en preparación para su conversión. El 24 de marzo de 1956 fue admitido en la Iglesia Católica.

 

“Al igual que tantos otros conversos antes y después que yo –comenta el célebre actor-, me sentí como en casa, como si siempre hubiera conocido ese lugar. (...) Era un hermoso día  de sol”. Y recuerda que después se quedó contemplando largamente las colinas alrededor de su casa, meditando sobre lo sucedido y dando infinitas gracias a Dios.

 

Al año siguiente, mientras Alec Guinness se encontraba en Sri Lanka rodando la laureada película El Puente sobre el Río Kwait  –que le valió el Óscar de la Academia-, inesperadamente su esposa le comunicó por teléfono una grata noticia: también ella acababa de ser recibida en la Iglesia Católica.

 

Entre las anécdotas que se cuentan sobre su vida como católico, se afirma que este actor le tuvo una gran devoción a Jesús en la Eucaristía. Un día en Kingsway, Inglaterra, mientras caminaba por la calle, sintió la urgente necesidad de ir a visitar el Sagrario de la iglesia más cercana para rendirle un acto amor y adoración al Señor presente en la Eucaristía. Después le entró un cierto escrúpulo, pensando: “¿No estaré exagerando en mi piedad?” Pero pronto recuperó la confianza al enterarse de que un afamado sacerdote -converso inglés y  brillante escritor-, el Padre Ronald Knox, se había encontrado en más de una ocasión auténticamente corriendo para ir a visitar a Jesús Sacramentado. 

 

Fátima: un mensaje más fuerte que las balas

Luis-Fernando Valdés

 

Se cumplen 100 años de las apariciones de la Virgen María en Fátima. El llamado “tercer secreto” ha acaparado la atención, pero ¿cuál es el verdadero mensaje de Fátima: una amenaza del fin del mundo o un mensaje de esperanza?

 

1. Un poco de historia. Entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917, en la localidad portuguesa de Fátima, tres pastorcitos llamados Lucía dos Santos, Jacinta y Francisco Marto, fueron testigos de las apariciones de la Virgen María.

El 13 de octubre de ese año, se produjo el llamado “milagro del sol”, presenciado por 70 mil personas, entre ellos algunos periodistas y personalidades públicas de la época, que dieron testimonio del suceso. Pero lo importante no fueron los eventos sobrenaturales, sino el mensaje de misericordia y esperanza de parte de la Madre de Dios.

 

2. Un mensaje religioso no apocalíptico. Las apariciones de la Virgen en Fátima ocurren durante el contexto de la Primera Guerra Mundial, pero su mensaje no es apocalíptico o fatalista, sino totalmente religioso y devocional.

El mensaje central de Fátima es “la dimensión personal de la conversión”. Los sacrificios por la conversión de los pecadores serán expresión de la ofrenda sacrificial que los pastorcitos hacen de sí mismos a favor de los demás. (fatima.pt)

 

3. El misterioso “tercer secreto”. Aunque se ha manejado como un “secreto” de una realidad que no ha llegado, la realidad es totalmente otra. Se trata, por una parte, de un único mensaje publicado en tres partes y, por otra, de que este mensaje ya se cumplió totalmente.

La historia de este mensaje, completamente documentada, fue publicada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, por indicación de Juan Pablo II, el 13 de mayo de 2000. Se encuentra en la web oficial del Vaticano (aquí). Ahí se reproducen en facsímil las páginas escritas por Sor Lucia, junto con los comentarios del Card. Ratzinger y otros textos y una entrevista oficial de la vidente con Mons. Bertone.

 

4. El atentado al Papa. La tercera parte permaneció bajo embargo durante décadas. Puesta por escrito, el 3 de enero de 1944, por Sor Lucia, narra que “un Obispo vestido de blanco”, caminaba hacia una Cruz rezando por los muchos cadáveres que veía en el camino, y entonces “fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas” (ibídem).

Después del atentado que sufrió el 13 de mayo de 1981, Juan Pablo II afirmó que había sido “una mano materna quien guió la trayectoria de la bala”, permitiendo al “Papa agonizante” que se detuviera “en el umbral de la muerte”.

 

5. Un mensaje también para nuestro tiempo. En este mundo nuestro, atribulado por las guerras civiles en África y Medio Oriente, atormentado por el terrorismo y las guerras del narcotráfico, el mensaje de Fátima sostiene nuestra esperanza en que vendrá la paz:

“Que una ‘mano materna’ haya desviado la bala mortal muestra sólo una vez más que no existe un destino inmutable, que la fe y la oración son poderosas, que pueden influir en la historia y, que al final, la oración es más fuerte que las balas, la fe más potente que las divisiones” (Card. Ratzinger, ibídem).

 

El centenario de las apariciones de la Virgen de Fátima tiene un especial significado, ahora que nos parecería que nada puede liberar del mal a nuestro mundo. Fátima nos invita a confiar en el poder de la plegaria: la oración es capaz de cambiar el curso de la historia y traernos la paz.

 

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Moon Jae-in, el católico presidente de Corea del Sur

Tiene por delante el reto de la reconciliación coreana

 

“Hacerse todo a todos”, como dice San Pablo en su Carta a los Corintios: esta es la visión de futuro y el deseo que el cardenal Andrew Yeom Soo-jung, Arzobispo de Seúl, ha dirigido al nuevo presidente de la República de Corea, el católico Moon Jae-in, del Partido democrático.

 

En el mensaje de felicitación, enviado por la archidiócesis de Seúl y recibido en la Agencia Fides, el cardenal afirma: “La 19 ronda de elecciones presidenciales ha sido un momento crucial para el futuro de nuestro país. Me gustaría extender mis felicitaciones al Sr. Moon Jae-in por su elección y también me gustaría dar las gracias a los otros candidatos por su duro trabajo”.

 

“Los ciudadanos de nuestro país – continúa el texto – han confiado al Presidente Moon una gran responsabilidad. Rezo para que él “se haga todo para todos” . Ofrezco mis oraciones a Dios para que le de la fuerza y la sabiduría necesarias para afrontar los retos difíciles que Corea tiene por delante”.

 

En particular, los buenos deseos expresados por el cardenal Yeom es que “Moon realice su trabajo persiguiendo la justicia, la paz y el bien común, especialmente en lo que respecta a la protección de los más vulnerables”.

 

“Dios le bendiga – concluye el mensaje enviado a la Agencia Fides – mientras se prepara para realizar el servicio a la República de Corea y a sus ciudadanos”.

 

La Iglesia coreana aprecia el enfoque del nuevo presidente, un enfoque de apertura y de negociaciones en las relaciones con el Norte. Los observadores, lo han vinculado a la “Sunshine policy” de su predecesor y premio Nobel Kim Dae-jung, también católico.

 

Para construir la paz y la reconciliación en la península coreana, y para protegerse de los vientos de la guerra, Moon tiene la intención de impulsar la cooperación económica para contribuir al bienestar de la población de Corea del Norte. Moon considera esto como la manera correcta para disminuir la tensión y avanzar hacia una reunificación gradual.

Francisco en Egipto: no más violencia a nombre de Dios

Luis-Fernando Valdés

 

Francisco realizó un viaje relámpago a Egipto, en medio de grandes medidas de seguridad. Amenazado por fanáticos religiosos, ¿qué puede hacer el Papa para desenmascarar a quienes utilizan la fe para justificar la violencia?

 

1. Los motivos del viaje. El Papa Francisco realizó un viaje apostólico de 27 horas a Egipto. El motivo central del viaje fue participar en la “Conferencia Internacional de Paz” organizada por la Universidad Al Azhar, la principal institución del Islam sunita, que es la corriente del musulmana del 90 por ciento de los creyentes islámicos.

Francisco fue invitado por las tres grandes autoridades civiles y religiosas egipcias: el Presidente de la República, Abdel Fattah al Sisi; el Patriarca Copto-Ortodoxo, Tawadros II; el Gran Imán de Al-Azhar, Ahmed Tayeb y el Patriarca Copto-Católico, Ibrahim Isaac Sidrak.

Con esta visita a tierra egipcia, el Pontífice buscó dar un mensaje de paz a Medio Oriente y, a la vez, avanzar en el diálogo interreligioso con el mundo islámico y fortalecer la relación ecuménica con la Iglesia Copto-Ortodoxa.

 

2. La importancia del diálogo con Al Alzhar. A diferencia de la Iglesia Católica que tiene un Magisterio universal que vincula a cada uno de sus fieles, en el Islam no existe una autoridad doctrinal y moral reconocida por la totalidad de los musulmanes.

Sin embargo, la Universidad de Al Alzhar desempeña una función similar, pues tiene una gran autoridad religiosa respecto a la gran mayoría de los fieles islámicos. Por eso, resulta fundamental para el Vaticano poder dialogar con el Gran Imán de esa institución.

Como muchos recordarán, con motivo de un célebre discurso de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona (Alemania) en 2006, el jeque de Al Azhar, Ahmed Tayeb, rompió relaciones con el Vaticano. 

Pero las relaciones entre ambas religiones han mejorado poco a poco, desde marzo de 2013 cuando Jorge Mario Bergoglio fue elegido Papa. Con esta visita de Francisco, realizada como señal de buena voluntad, el conflicto prácticamente se ha resuelto.

 

3. Las religiones no promueven la violencia. Francisco, que se presentó como “mensajero de paz”, reiteró que las religiones sólo promueven la paz y nunca la violencia, en su discurso ante los delegados de la “Conferencia Internacional de Paz” procedentes de todos los países árabes (28 abr. 2017).

El Papa hizo un llamado que los responsables religiosos condenen la violencia a nombre de la fe. “Estamos llamados a desenmascarar la violencia que se disfraza de un presunta sacralidad”, dijo. 

El Pontífice explicó que el odio en nombre de la religión es una “falsificación idolátrica de Dios”, por “el nombre de Dios es Santo, Él es el Dios de la paz, Dios ‘salam’ (‘Dios de paz’)”. Y agregó “que solo la paz es santa y no puede perpetrarse ninguna violencia a nombre de Dios, porque profanaría su Nombre”.

El momento más importante del encuentro fue cuando Francisco exhortó a los líderes religiosos a decir juntos “un ‘no’ claro y fuerte a toda forma de violencia, venganza u odio cometido en nombre de la religión o en nombre de Dios”.

 

Este viaje apostólico a Egipto del Pontífice es un paso serio para construir una “civilización de la paz y del encuentro”. Resultó histórica la petición del Papa a los líderes islámicos para que también ellos condenen la violencia a nombre de Dios. Por eso, aquellas épocas pasadas de las guerras de religión parecen ya superadas.

 

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Migración forzada: las historias detrás de las cifras

 

Luis-Fernando Valdés

 

La crisis social y política en Venezuela ha dada lugar a que miles de personas emigren a Brasil en búsqueda de recursos médicos. La falta de servicios sanitarios en el propio país empuja a la migración forzada.

 

1. El caso de Venezuela. La ONG internacional Human Right Watch presentó el pasado 18 de abril un informe titulado “Venezuela: la crisis humanitaria se extiende a Brasil”. El documento menciona que ya son 12 mil venezolanos los que han abandonado su país y han llegado a Brasil desde 2014.

Este informe menciona también que la falta de atención médica por falta de recursos básicos en Venezuela es una de las principales causas por la que los venezolanos deciden huir hacía Brasil. Peor aun, en muchos casos los mismos hospitales venezolanos son los que sugieren a las personas emprender este viaje. 

Las cifras son muy crudas. El 80 por ciento de las personas que son atendidas en los hospitales de Pacaraima, municipio brasileño que colinda con Venezuela, son venezolanos que llegan en situaciones mucho más graves que las de los brasileños.

“Muchos (venezolanos) entran malnutridos o con complicaciones de enfermedades que ya tenía como VIH o tuberculosis y que no habían sido tratadas en su país”, explica el informe. (El Mundo, 18 abr. 2017)

 

2. La migración forzada, tragedia con rostro humano. La Organización Internacional para las Migraciones de la ONU define la migración forzada como un movimiento de personas para “escapar de la persecución, el conflicto, la represión, los desastres naturales y los provocados por el hombre, la degradación ecológica u otras situaciones que ponen en peligro su existencia, su libertad o su forma de vida”.

El Papa Francisco con frecuencia ha explicado que esta tragedia humanitaria es un problema de personas concretas y no de meras estadísticas. “Esta crisis, que se puede medir en cifras, nosotros queremos medirla por nombres, por historias, por familias. Son hermanos y hermanas que salen expulsados por la pobreza y la violencia, por el narcotráfico y el crimen organizado.” (Discurso, 21 feb. 2017)

La periodista Agnese Marra recoge testimonios que muestran el sufrimiento de personas concretas en esa frontera de Brasil. Por ejemplo, Geraldine Dhil decidió abandonar Venezuela y comenzar su viaje a Brasil. Con 32 años, tomó su mochila y caminó 200 km. Para llegar a Boa Vista. Geraldine tomó esta decisión porque era el único modo de conseguir los medicamentos de su hija que tiene 13 años y padece cáncer. (El Mundo, 18 abr. 2017)

 

3. El derecho a ser acogidos. A diferencia de las posturas que buscan poner muros en las fronteras de los países con más recursos, el Magisterio del Papa sostiene que el migrar es esencialmente una “expresión del anhelo intrínseco a la felicidad precisamente de cada ser humano, felicidad que es buscada y perseguida”. (Ibidem)

Sin embargo, como explica Francisco, la primera solución para los migrantes y sus familias debería iniciar en sus propias naciones, pues es “allí donde debe ser garantizado, junto al derecho a emigrar, también el derecho a no emigrar, es decir el derecho de encontrar en la patria condiciones que permiten una realización digna de la existencia”.

 

Las tragedias humanitarias antes que meras cifras, son siempre el conjunto de historias concretas de personas con nombre, con un rostro, cuya dignidad ha sido maltratada. Y para un creyente cristiano siempre serán un reclamo para prestar una ayuda concreta: “era forastero – migrante– y me acogiste” (Mateo 25, 35).

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Lectura

*19 de Junio, 2017*

 

El Evangelio de Juan nos dice algo muy interesante sobre el Espíritu Santo: "El viento sopla donde quiere. 

Tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu" (Juan 3,8).

 

Cuando dejamos actuar al Espíritu Santo, experimentamos algo en nuestra vida, pero no lo podemos explicar ni lo podemos controlar. 

No es posible prever todo lo que él puede hacer en nosotros, ni podemos calcularlo o contabilizarlo.

Escapa a todos nuestros registros, siempre nos sorprende.

 

Porque él puede actuar en medio de una alegría o de una tristeza; puede regalarnos una gran emoción, pero también puede hacer una obra preciosa en medio de nuestra aridez; puede llevarnos a lugares que nunca imaginábamos, pero también puede hacer maravillas en medio de la rutina y la normalidad. 

 

El actúa con total libertad, y nosotros no podemos ponerle condiciones ni exigirle que lo haga de una manera o de otra. Permitámosle que haga lo que él quiera, porque seguramente eso será lo mejor para nosotros.

 

*Mons.*

*Víctor Manuel Fernández.*

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