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Fátima: un mensaje más fuerte que las balas

Luis-Fernando Valdés

 

Se cumplen 100 años de las apariciones de la Virgen María en Fátima. El llamado “tercer secreto” ha acaparado la atención, pero ¿cuál es el verdadero mensaje de Fátima: una amenaza del fin del mundo o un mensaje de esperanza?

 

1. Un poco de historia. Entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917, en la localidad portuguesa de Fátima, tres pastorcitos llamados Lucía dos Santos, Jacinta y Francisco Marto, fueron testigos de las apariciones de la Virgen María.

El 13 de octubre de ese año, se produjo el llamado “milagro del sol”, presenciado por 70 mil personas, entre ellos algunos periodistas y personalidades públicas de la época, que dieron testimonio del suceso. Pero lo importante no fueron los eventos sobrenaturales, sino el mensaje de misericordia y esperanza de parte de la Madre de Dios.

 

2. Un mensaje religioso no apocalíptico. Las apariciones de la Virgen en Fátima ocurren durante el contexto de la Primera Guerra Mundial, pero su mensaje no es apocalíptico o fatalista, sino totalmente religioso y devocional.

El mensaje central de Fátima es “la dimensión personal de la conversión”. Los sacrificios por la conversión de los pecadores serán expresión de la ofrenda sacrificial que los pastorcitos hacen de sí mismos a favor de los demás. (fatima.pt)

 

3. El misterioso “tercer secreto”. Aunque se ha manejado como un “secreto” de una realidad que no ha llegado, la realidad es totalmente otra. Se trata, por una parte, de un único mensaje publicado en tres partes y, por otra, de que este mensaje ya se cumplió totalmente.

La historia de este mensaje, completamente documentada, fue publicada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, por indicación de Juan Pablo II, el 13 de mayo de 2000. Se encuentra en la web oficial del Vaticano (aquí). Ahí se reproducen en facsímil las páginas escritas por Sor Lucia, junto con los comentarios del Card. Ratzinger y otros textos y una entrevista oficial de la vidente con Mons. Bertone.

 

4. El atentado al Papa. La tercera parte permaneció bajo embargo durante décadas. Puesta por escrito, el 3 de enero de 1944, por Sor Lucia, narra que “un Obispo vestido de blanco”, caminaba hacia una Cruz rezando por los muchos cadáveres que veía en el camino, y entonces “fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas” (ibídem).

Después del atentado que sufrió el 13 de mayo de 1981, Juan Pablo II afirmó que había sido “una mano materna quien guió la trayectoria de la bala”, permitiendo al “Papa agonizante” que se detuviera “en el umbral de la muerte”.

 

5. Un mensaje también para nuestro tiempo. En este mundo nuestro, atribulado por las guerras civiles en África y Medio Oriente, atormentado por el terrorismo y las guerras del narcotráfico, el mensaje de Fátima sostiene nuestra esperanza en que vendrá la paz:

“Que una ‘mano materna’ haya desviado la bala mortal muestra sólo una vez más que no existe un destino inmutable, que la fe y la oración son poderosas, que pueden influir en la historia y, que al final, la oración es más fuerte que las balas, la fe más potente que las divisiones” (Card. Ratzinger, ibídem).

 

El centenario de las apariciones de la Virgen de Fátima tiene un especial significado, ahora que nos parecería que nada puede liberar del mal a nuestro mundo. Fátima nos invita a confiar en el poder de la plegaria: la oración es capaz de cambiar el curso de la historia y traernos la paz.

 

@FeyRazon   Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

http://www.columnafeyrazon.blogspot.com

 

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Lectura

*19 de Junio, 2017*

 

El Evangelio de Juan nos dice algo muy interesante sobre el Espíritu Santo: "El viento sopla donde quiere. 

Tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu" (Juan 3,8).

 

Cuando dejamos actuar al Espíritu Santo, experimentamos algo en nuestra vida, pero no lo podemos explicar ni lo podemos controlar. 

No es posible prever todo lo que él puede hacer en nosotros, ni podemos calcularlo o contabilizarlo.

Escapa a todos nuestros registros, siempre nos sorprende.

 

Porque él puede actuar en medio de una alegría o de una tristeza; puede regalarnos una gran emoción, pero también puede hacer una obra preciosa en medio de nuestra aridez; puede llevarnos a lugares que nunca imaginábamos, pero también puede hacer maravillas en medio de la rutina y la normalidad. 

 

El actúa con total libertad, y nosotros no podemos ponerle condiciones ni exigirle que lo haga de una manera o de otra. Permitámosle que haga lo que él quiera, porque seguramente eso será lo mejor para nosotros.

 

*Mons.*

*Víctor Manuel Fernández.*

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