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Economía y desempleo: el imperceptible “pecado grave”

 

Luis-Fernando Valdés

 

El Papa Francisco defiende nuevamente a los trabajadores, al afirmar que es un “pecado grave” quitar el empleo solo para incrementar ganancias. ¿Cuáles son los motivos de Francisco: una ideología de izquierda o el Evangelio?

 

1. El caso de Sky Italia. En la reciente Audiencia general del pasado miércoles 15 de marzo, el Papa argentino improvisó unas palabras en apoyo a los trabajadores de una empresa italiana de comunicaciones, cuyos empleos están en peligro. 

Según la agencia ANSA, Sky Italia tiene un plan de reestructuración que prevé el cierre de la sede de Roma, más de 200 despidos y más de 300 traslados de trabajadores de Roma a Milán, a pesar de que la empresa ha registrado ganancias. 

 

2. Una defensa del trabajo desde la dignidad de la persona. Quienes no están verdaderamente familiarizados con las ideas de Francisco, con frecuencia tienen a simplificar y dicen que el Papa es de izquierdas o es “de la liberación”. 

En realidad, sólo se puede entender la postura del Pontífice argentino desde la Doctrina Social de la Iglesia, que defiende la dignidad de la persona y de todo aquello que es inherente a esa dignidad, como la vida, la familia, el trabajo, etc.

Por eso, en aquella Audiencia, al dirigirse a los peregrinos de lengua italiana, Francisco recordó que “el trabajo da dignidad” y que por eso “los políticos y los líderes políticos tienen la obligación de hacer todo lo posible para que todo hombre y mujer pueda trabajar y caminar con la frente alta, mirando a los ojos a las personas”. (La Nación, 15 mar. 2017)

 

3. Una economía contraria al hombre. En esta defensa del ser humano y su dignidad, el Papa ha sido muy firme. Se ha opuesto a una economía basada en las utilidades y no en el bien de las personas. 

En esta defensa del hombre, Francisco ha acuñado frases muy duras, aunque quizá no han tenido una repercusión práctica en el sistema económico. El Papa ha dicho, por ejemplo, que “esta economía mata”; también ha sostenido que vivimos en una cultura del “descarte”, que toma a las personas como productos reemplazables. 

Se entiende así porqué, durante la ya mencionada Audiencia, el Obispo de Roma, dijera con tono serio y fuera del texto preparado que “quien, por maniobras económicas, para hacer negociaciones no del todo claras, cierra fábricas, cierra empresas y le quita el trabajo a los hombres, esta persona comete un pecado gravísimo”.

 

4. La crisis de modelo económico actual. Francisco analiza la economía global desde el mensaje social del Evangelio, y explica que ese modelo económico ya no es suficiente, pues no toma en cuenta la dignidad del ser humano. 

Francisco se ha atrevido a pedir un nuevo modelo económico: “se necesitan programas, mecanismos y procesos orientados a una mejor distribución de los recursos, a la creación de trabajo, a la promoción integral de los excluidos”. 

Con gran audacia, pues se trata de un desafío al sistema económico de Occidente, Francisco pide que “tratemos de construir una sociedad y una economía en las que el hombre y su bien, y no el dinero, sean el centro”. (Ver A. Tornielli, - G. Galeazzi, 2015)

 

El Papa Francisco está en plena sintonía con los mensajes sociales de Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Lo novedoso del Pontífice latinoamericano es que mediante sus gestos –y nos sólo con frases ingeniosas y elocuentes– ha denunciado las injusticias sociales. Quien entiende a Francisco, sabe que defender a los pobres no es comunismo, sino el corazón del Evangelio.

 

@FeyRazon   Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

http://www.columnafeyrazon.blogspot.com

 

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Lectura

*19 de Junio, 2017*

 

El Evangelio de Juan nos dice algo muy interesante sobre el Espíritu Santo: "El viento sopla donde quiere. 

Tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu" (Juan 3,8).

 

Cuando dejamos actuar al Espíritu Santo, experimentamos algo en nuestra vida, pero no lo podemos explicar ni lo podemos controlar. 

No es posible prever todo lo que él puede hacer en nosotros, ni podemos calcularlo o contabilizarlo.

Escapa a todos nuestros registros, siempre nos sorprende.

 

Porque él puede actuar en medio de una alegría o de una tristeza; puede regalarnos una gran emoción, pero también puede hacer una obra preciosa en medio de nuestra aridez; puede llevarnos a lugares que nunca imaginábamos, pero también puede hacer maravillas en medio de la rutina y la normalidad. 

 

El actúa con total libertad, y nosotros no podemos ponerle condiciones ni exigirle que lo haga de una manera o de otra. Permitámosle que haga lo que él quiera, porque seguramente eso será lo mejor para nosotros.

 

*Mons.*

*Víctor Manuel Fernández.*

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